sábado, 9 de abril de 2011

Adios a los Diablos Rojos, adios al arte sobre ruedas

Adios a los Diablos, adios al arte rodante.


Crea fama y acuéstate a dormir, reza un popular adagio. Crea infamia….y jamás descansaras, podría también ser valido. El pésimo servicio, la secuela de muerte tras innumerables accidentes y el irrespeto a los usuarios por parte de algunos conductores de autobus, crearon un estigma negativo sobre el transporte publico masivo de nuestra ciudad. El apodo de Diablo Rojo no es el resultado de algun cerebro caprichoso que dio oportunamente en el clavo. Diablo Rojo es un nombre bien ganado por estos monstruos de la carretera quienes han llegado al ocaso de su existencia por diversas razones: irresponsabilidad, necesidad de modernización, y hasta, aseguran algunos, producto de un plan bien orquestado cuyo propósito era sacarlos de  el negocio. Las razones no me atañen. Pero si quisiera aclarar que los diablos rojos aunque siempre han sido rojos, no siempre fueron diablos.  Y es probable que los jóvenes de hoy y aquellos que jamás hayan usado el transporte publico desconozcan como eran las cosas antes de que se convirtieran en los temerarios Diablos Rojos.
Viene Yiyo Patacon, viene Yiyo Patacon! Gritaba un chiquillo prieto y barrigon, mientras sus amiguitos se le unian hasta formar un ensordecedor coro. Y es que Yiyo Patacon, un chofer de bus de aquel entonces, de cuando en cuando detenia el vehiculo y arrojaba algunas monedas a la pequeña pero escandalosa multitud. Los muchachitos de La Concepcion, Juan Diaz, no solo reconocían el sonido de el silbato de el bus, sino hasta el ruido de su motor. Esas moneditas, en algunos casos, harian la diferencia entre saltar garrocha o tener algo de comida para  algunas de las familias que habitaban en los cuartuchos de lo que es hoy dia  Patio Limoso.  Una prueba de que los choferes tenían un sentido humano.
Recuerdo como algunas veces al salir franco de la Escuela Nautica, algunos cadetes (algunes fungen como practicos de el Canal en el presente ), no contaban siquiera con el pasaje de vuelta a casa. Se veian entonces en la angustiosa necesidad de solicitarle un break al chof. Y aunque la  expresión de este era de frustración, entre murmullos y manoteos, accedia llevarlos, demostrando asi su solidaridad. Otro aspecto positivo.

En aquel entonces eran no solo el transporte de el pueblo sino además una opción económica incluso para quienes, no siendo tan pueblo, tenían el privilegio de contar con transporte propio.  Para que llevar  el carro hasta Calidonia o La Central, arriesgándose a no encontrar estacionamiento y a gastar en combustible si me puedo ir en bus?, era el acertado razonamiento de la epoca. El bus te llevaria literalmente a los destinos mas relevantes de la ciudad, y por unos cuantos reales!!!  Y ni hablar de los paseos de  fines de semana al rio o a la playa. ( a ríos sin contaminación y playas verdaderamente publicas).  Fue gracias a los buses de entonces, diablos rojos ahora, que muchos panameños de escasos recursos conocieron nuestras playas y otros rincones de nuestra geografia. Fueron el medio que permitio que familias humildes pasaran momentos de sosiego y relajación, dejando atrás, de rato en rato, el hacinamiento citadino. Ciertamente hubo problemas, pero la solución, lejos de estrangularlos sistemáticamente hasta restringirle el acceso por completo a las playas, luego de tildarlos de cochinos y problematicos, debió ser establecer los controles apropiados. Un poco de educación, un par de tinacos, y unos cuantos tongos pudo haber sido la solución, pero tal vez eso no le convendria a los futuros desarrolladores de resorts y proyectos yeyés que han invadido nuestras costas y explotado nuestros recursos con el beneplácito de los gobernantes de turno. Ahora la gente de a pie debe conformarse con lo que queda de playas como Veracruz o Venao justo al otro lado de el Puente de Las Americas(mosquitos, lama y maliantes incluidos), a menos que sean colaboradores (sirvientes, jardineros o salvavidas) en uno de estos excluyentes sitios. (all inclusive se haven llamar ellos) Fushi con la chusma de los buses !!!
Los choferes de entonces (seguro que aun los hay hoy dia) no eran todos  groseros o irrespetuosos. Y muchos de los pavos eran atento con aquellos pasajeros que tenían problemas para bajar o subir al bus. Y si bien la música era parte de el atractivo, junto con la decoración, podias pedirle al conductor que bajara el volumen, y en la mayoría de los casos tu petición era atendida, aunque algun joven pasajero expresara su descontento. La calidad de el sonido en la mayoría de los casos era el valor agregado que determinaba a cual bus subir y a cual chifear. Era mejor tener los éxitos musicales de el momento, o las ganancias se verían afectadas. Con el tiempo se abuso de el volumen tornándose los buses en verdaderas discotecas ambulantes, y por unos cuantos años….como lo dijo un combo nacional “ le quitaron la salsa a los buseros por culpa de unos cuantos bochincheros”…
A bordo de los buses muchas parejitas se conocieron, romancearon, y aunque no todas, varias terminaron formando familias que perduraron en el tiempo. Fueron los buses melódicos testigos de amores colegiales.
La decoración, a todas luces una de las mas emblemáticas manifestaciones de nuestro arte urbano, es uno de los aspectos que extrañare.   Un arte que nos hablaba de lo cotidiano de la vida, de personajes reales y ficticios, de amores y de poder, de el espíritu de las masas y de su propia identidad. Desde Roberto Duran, Superman, Clint Eastwood, galanes de telenovelas, fotoretratos de parientes, hasta exóticos cuerpos sensuales y paisajes surrealistas conformaban el extenso temario de la decoración de estos buses, que han sido motivo de artículos de reconocidas revistas, (Selecciones, entre otras), pero que serán ahora cosa de el pasado. Los pregones cargados de humor o sarcasmo, los curiosos piropos, y la alusión a Santos o a lo divino eran también algunos de los temas que conformaban el decorado de el bus. Todos estratégicamente ubicado.  Los artistas creadores de tales obras no solo han perdido parte de su sustento sino su oportunidad de expresarse, y mientras se da la trancision de un sistema al otro los anuncios públicitarios, impulsadores de el aberrante consumismo, han ido reemplazando estas joyas tan expresivas como el panameño mismo.
Es una pena que no aprovechemos el talento de estos genios de la pintura informal. En vez de dejarlos desvanecerse junto a los diablos rojos deberíamos capitalizar en su capacidad e incertarlos al nuevo sistema de transporte. Estoy seguro que solo redundaría en beneficio de nuestra industria turística, esa que ahora copa los resorts de playa, a los que muchos panameños no tienen acceso.

Capt. Cabal

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